viernes, 24 de marzo de 2017

Stage Door (Damas del teatro) - Gregory La Cava, 1937.-


De vez en cuando aparece alguna película que parece pre-code pero no lo es. Stage Door es una de estas rarezas. En el contexto de una pensión para aspirantes a actrices, showgirls y has-beens no faltan la Depresión, la promiscuidad, el sacrificio y hasta un suicidio, todo llevado adelante con un diálogo afilado y veloz.-
El elenco está liderado por las poderosas Katharine Hepburn y Ginger Rogers y cuenta con sólidas participaciones de Adolphe Menjou, Lucille Ball, una jovencísima Ann Miller, Eve Arden y la totalmente olvidada Andrea Leeds, entre otros. Gregory La Cava logra un equilibrio excelente para este reparto, cada personaje tiene su identidad definida, su pequeño momento para brillar y sobre todo mucha dignidad. Incluso los personajes que podrían ser fácilmente ridiculizados son tratados con cariño: la actriz madura que carga amorosamente en su bolsito las críticas elogiosas que recibió una vez (Constance Collier), el mayordomo que es enviado como amante de fachada para proteger el buen nombre de su empleador (Franklin Pangborn), la mucama y cocinera que tal vez en un tiempo remoto quiso ser cantante (Phyllis Kennedy)... Paralelamente, La Cava se permite arrojar un velo de duda sobre la protagonista, Terry Randall (Hepburn), hacia el final de película mediante un montaje ambiguo que combina la consagración de Terry como actriz con la tragedia que ha influído tanto en ella. ¿Se trata de mostrar que Terry no olvida a quién le debe su éxito o de sugerir que, precisamente, su triunfo se construyó sobre la base de la desgracia ajena? El carisma de Hepburn permite que termine la película bien parada, pero yo no puedo evitar hacerme esa pregunta cada vez que veo esta película.-
Otro de los aspectos que La Cava controla a la perfección es el tono de la película. Claro que existen momentos cómicos con tantas comediantes en pantalla, y teniendo a Ginger Rogers y a Ann Miller no faltan un par de oportunidades para que expongan su talento, pero La Cava no olvida por un instante que Stage Door es ante todo un drama. El control que ejerce es particularmente notable en dos escenas en las cuales Jean y Annie (los personajes interpretados por Rogers y Miller) ensayan y presentan su acto, en ambos casos frente al empresario Anthony Powell (Menjou): el director nos permite ver un poco de la coreografía, pero Stage Door no es un vehículo para estas bailarinas, lo central es la reacción de Powell y en ello se enfoca La Cava.-


Todo lo que sucede en la pantalla es realzado por la bella fotografía de Robert De Grasse. Me quedo en particular con un momento: Kay (Leeds) vuelve a casa luego de un nuevo día de infructuosos intentos por conseguir una entrevista con Powell y se cruza con Jean. El momento en el que ambas se sientan en la escalera es maravilloso porque, por un lado permite que el personaje de Rogers muestre su lado más compasivo y por el otro, volviendo a la fotografía, De Grasse ilumina la escena de manera tal que Rogers resplandece mientras que Leeds parece un agujero negro que absorbe toda la luz, coincidiendo con el presente gris de su personaje. De este modo tan simple y efectivo De Grasse le permite a La Cava contar la historia de estos dos personajes y definirlos cuando aún no han transcurrido más que unos pocos minutos de película.-
En definitiva, Stage Door nos regala un magnífico reparto, una historia con los pies sobre la tierra, una gran dirección y una bella fotografía; cuatro motivos más que valederos para descubrirla y volver a ella una y otra vez.-
Inspirada por esta película he vuelto a tomar mis utensilios de cocina después de bastante tiempo y preparé un estofado de cordero como el que comen noche tras noche las inquilinas de la pensión, sólo que mejor (espero…).-